Rompehielos N. B. Mclean/CGSN IMO:5244912

Una sorpresa inesperada

Cuando llegué a casa a mediados de octubre de 1970 del “Río Manamo”, mi objetivo era estudiar para obtener el certificado canadiense de telecomunicaciones por radio de clase grado superior. En ningún escuela de nautica se impartía, ni siquiera en el instituto de marina donde estudié para obtener mi certificado de segunda clase entre 1964 y 1966. La única solución era estudiar en casa. Recogí todos los manuales técnicos de Marconi incluyendo los fundamentos de radio utilizados por la armada. Había transcrito durante los últimos años las emisiones diarias de código Morse en español difundida por la agencia de noticias rusa Tass a 30 palabras por minuto en lenguaje claro. Eso era un problema resuelto. Sin embargo, la transcripción codificada de los grupos de cinco letras y numerosos grupos de letras acentuadas fue una historia completamente diferente. Nunca tuve la oportunidad de transcribir o practicarlo, excepto cuando estaba en el instituto marino.PMGLos diagramas de equipos de radio, las regulaciones y otros requisitos no deberían haber sido tan complicados. Sin embargo, no pude estudiar la teoría de radio durante todo el invierno, y tuve suerte. Otra actividad aún más interesante me estaba esperando.

Tal vez hayan leído unas algunas líneas que escribí anteriormente acerca de cuando estaba a bordo del “Río Orinoco” en 1970. Cada vez que llegaba a un puerto marítimo de América, siempre tenía un gran calcetín de lana lleno de monedas para poder llamar a mi amiga en Canadá. Bueno, ella vivía a solo 10 km de mi casa, y además trabajaba de técnica en la central telefónica regional. Aparte de eso, ella estaba interesada en radio y había asistido a clases de radioaficionados dadas por mi profesor en el Instituto de marina.BRCN5422(2)Un día estábamos trabajando en el desván frío, oscuro, estrecho y con mucho polvo de la casa vieja de la granja de la familia. Estábamos instalando una antena de cable largo para su radio de onda corta y así podría practicar para sus exámenes de radioaficionada. ¡Probablemente pocas personas proponen matrimonio en un lugar tan exótico! Cuando se lo pedí, me sorprendió aún más con su respuesta; ¿Por qué no?

El 5 de julio de 1971, recibí un telegrama con instrucciones para unirme al rompehielos de la guardia costera canadiense “N. B. Mclean” en el astillero Vickers en Montreal para el viaje anual al Ártico. Por suerte, fui capaz de realizar los exámenes para obtener el certificado de radiocomunicaciones en Quebec una semana antes de emprender camino hacia Montreal. Había aprobado todos los exámenes con excepción de la transcripción de grupos de letras acentuadas en código Morse. Cuando partí de mi casa para Quebec y Montreal me esperaba lo peor y había llevado conmigo una clave de código Morse y grabador de cinta y fui capaz de practicar todos los días cuando no estaba de servicio.

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Mares agitados, remaches fallando y una portilla no estanca en mi camarote.

El “N. B. Mclean” fue construido en 1930 en los astilleros Halifax de Nueva Escocia, Canadá, para el ministro canadiense de marina y pesca. Era un rompehielos de ochenta metros de largo y 3.254 toneladas de peso con dos motores de triple expansión alimentados por cuatro calderas de petróleo Babcock & Wilcox que producían 6,500 c.v. En ese momento, se le describía como un “pesado” rompehielos. “pesado”. Actualmente, lo es el último rompehielos ruso de propulsión nuclear “Sibir” que se encuentra en construcción en los astilleros del Báltico en San Peterburgo, que será puesto en marcha para 2019, con un tonelaje de desplazamiento de 33,500, una fuerza de 147.000 c.v. (110MW) y podría llegar a romper hielos de hasta 4,5 m de espesor. Todavía me pregunto ¿cómo el “N. B. McLean” logró desplazarse por el hielo a ninguna parte con solo 6.500 caballos de fuerza? Probablemente, si lo hubiera sabido, tal vez no hubiera estado tan emocionado por “ir a romper los hielos del Ártico”.

Por desgracia, sinceramente, no recuerdo mucho de ese buque. Hace unos días, estuve buscando algunos diagramas técnicos cuando encontré parte de mi diario de cuando estuve a bordo del “N. B. McLean” en 1971. ¡Así que vamos a romper el hielo!

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Dejamos el astillero Vickers en Montreal, el 13 de julio de 1971, justo después de las diez de la mañana bajo un cielo soleado y con más de 100 mujeres en el muelle para despedirse de sus seres queridos. Por la noche, nos encontramos con el buque “Empress de Canadá” con destino a Montreal. Quizás, la comida no era tan buena como cuando estaba en el rompehielos “Montcalm” en 1967, pero había una mayor variedad de alimentos.

A mañana siguiente, el radiogoniómetro tenía que ser calibrado fuera la isla de Biquette, navegando el buque en un círculo completo de 360 grados. Cuando el técnico se fue, nos dirigimos hacia la isla Botón, a unos 2.000km en el extremo norte de la provincia de Quebec.

El 15 de julio. Los movimientos extremos de un rompehielos balanceo en un vendaval fuerte del noreste y un apetito voraz para el desayuno generalmente no casan muy bien.. Los rompehielos están diseñados con un perfil redondeado de fondo a fin de que no se atasquen en la parte superior de la gruesa capa de hielo. Como resultado, en aguas libres de hielo, las olas de 4 o 5 metros de altura nos golpeaban de una manera bastante violenta. Mi camarote estaba situado debajo de la cubierta principal y justo por encima de la línea de flotación. Debido al balanceo del buque, el agua se filtró a través de mi portilla, llenándose de agua todo el suelo.

Fui a almorzar, pero tuve que dejarlo, ya que tanto el buque como mi estómago estaban todavía balanceándose. En el puente, el segundo oficial mencionó que una caldera había sido apagada debido a que había escupido algunos remaches, reduciendo algo nuestra velocidad. Las demás calderas, teniendo de 41 años, se esperaba que empezaran a hacer lo mismo tan pronto como entráramos en hielo flotante consolidado (4.2.1.1). Al menos, el viento disminuyó al final la tarde noche.

4.2.1.1 Hielo flotante consolidado: Hielo flotante en el cual la concentración es 10/10 y los bandejones se presentan soldados entre sí por congelación.

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Navegando por el mar de Labrador

Viernes, 16 de julio de1971. Tras estar enfermo la mayor parte del día anterior, me desperté con un apetito veroz. Navegábamos sin viento al noreste entre Quebec y Terranova y la niebla reducía la visibilidad a unos 800 metros. Comí bastante tocino y huevos, además de un montón de tostadas para compensar lo que no había comido el día anterior. El almuerzo fue un pastel de carne muy bueno, que sabía igual al que mi madre solía hacerme, y un gran surtido de postres. Unos témpanos (4.3.7) eran visibles en el radar pero no podían apreciarse visualmente debido a la niebla. Cuando pasamos por el estrecho de Belle Isle esa noche, empezamos a experimentar fuertes oleajes del Atlántico. Las olas estaban posiblemente cada medio kilómetro, lo que ocasionaba en que el buque se balanceaba solamente unos pocos grados a ambos lados. Por tanto, nadie se mareaba.

Dejamos el estrecho de Belle Isle con buen tiempo y doblamos hacia el norte, a lo largo de la costa de Labrador, donde se veían muchos gruñones (4.3.12) y pequeños fragmentos de tempanitos (4.3.11) eran visibles junto con unos cuantos témpanos (4.3.7) de tamaño mediano. Dado que la fruta y las verduras frescas continuaban siendo abundantes a bordo, no estábamos preocupados por contraer escorbuto en cualquier momento. A medida que el día avanzaba, el número de gruñones y pequeños fragmentos de tempanitos aumentada. Estando en mi camarote, que se encontraba cerca de la proa de estribor, me despertó el estruendo explosivo provocado por el contacto con uno de ellos, incluso mi cama se vió sacudida debido a la vibración de algunas de las placas de acero del buque cercanas a mí. De este modo aprendí la primera regla al atravesar o al pasar cerca de los campos de hielo; “Solo hay una manera de entrar en cualquier campo de hielo, y ésta es ir muy, muy lentamente”.

Domingo, 18 de julio. Me desperté congelado, o, al menos así me sentía. Se debía a que no había encendido de calefacción. Con la temperaturas en el exterior alrededor de un grado bajo cero, mi camarote se había convertido, literalmente, en una casa de hielo. Sin embargo, cuando al regresar de un desayuno rico en calorías, se había calentado un poco. Al día siguiente, hacia el final de la tarde y con una densa niebla, llegamos a las islas Botón. Dado que el helicóptero Bell-206 no podía volar en esas condiciones, tuvimos que esperar a que el tiempo mejorarse. Durante el ascenso y descenso de las mareas cada 6 horas, las corrientes en la entrada oriental del estrecho de Hudson eran de entre 5 y 7 nudos. Cuando bajábamos por la costa occidental de Groelandia, los pequeños gruñones y ocasionales fragmentos de tempanitos golpeaban contra el de estribor cerca de mi camarote sacudiéndome, literalmente, fuera de la silla, por no mencionar los efectos del ruido, que lo hizo temblar al pasar solo a unos pocos centímetros de distancia. Si creen que el Ártico es silencioso, ¡piénsenlo de otra vez!

Extractos del términos relacionados con la nomenclatura del hielo marino los he obtenido de la Organización Meteorológica Mundial (OMM):

Témpano: Véase 4.3.7. – Trozo de hielo macizo de formas muy variadas, sobresaliendo más de 5 m sobre el nivel del mar, que se ha desprendido de un glaciar, y puede estar a flote o varado. Los témpanos pueden ser descriptos como tabulares, abovedados (forma de domo), inclinados, pinaculares, afectados por temperie o témpanos de glaciar.

Fragmento de tempanito: Véase 4.3.11 – Trozo grande de hielo de glaciar flotante, mostrando generalmente menos de 5 m sobre el nivel del mar pero más de 1 m y normalmente de unos 100-300 m² de área.

Gruñón: Véase 4.3.12 – Pieza de hielo más pequeña que un fragmento de tempanito y flotando menos de 1 m sobre la superficie del mar, un gruñón generalmente aparece blanco pero algunas veces transparente o de color azul verdoso. Se extiende menos de 1 m sobre la superficie del mar y normalmente ocupando un área de alrededor de 20 m2, los gruñones son difíciles de distinguir cuando están rodeados de hielo marino o en fuerte estado de mar.

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Un telegrafista muy frustrado, al menos durante un rato.

Como radioaficionado entusiasta y oficial de las comunicaciones dedicado, los ciclos solares y las erupciones solares eran bastante interesantes para mí y también de vital importancia para la comunidad marítima y para todo el mundo a bordo del rompehielos “N. B. McLean”. Cuando salimos de las islas Botón en la entrada oriental del estrecho de Hudson, no pudimos transmitir o recibir señales de radio debido al muy bajo nivel de actividad solar. Siendo uno de los niveles más bajos desde 1964, la ionosfera no permitía el reflejo de mis señales a otras partes de la Tierra como podría esperarse. En cambio, las dejaba atravesar, solo para desaparecer en el espacio. Dado que los teléfonos móviles se inventaron en 1973 y la Organización Internacional de Telecomunicaciones Marítimas por Satélite (INMARSAT) en 1979, la única manera de comunicarse desde el buque era a través de la radio de onda corta en código Morse. Era muy frustrante no poder hacer nada, teniendo en cuenta que había varios mensajes en espera para ser enviados y probablemente, muchos más para ser recibidos.

Con de menos personal de cocina, los aperitivos nocturnos no eran tan buenos como cuando estaba a bordo del rompehielos “Montcalm” en 1967. Sin embargo, descubrí que cuando no había nadie en la cocina, todos los postres, quesos y otras delicias sobrante estaban guardados en una pequeña nevera. Eso, para mí, pero especialmente para mi cintura, podía no ser muy beneficioso. Probablemente ingerimos alrededor de 3.000 calorías al día sin hacer casi nada de ejercicio fisico. Debía tener cuidado, o muy pronto, no podría abrocharme los pantalones. Volviendo a mí oficina, me encontré con mi supervisor que acababa de salir de la sala de estar después de ver una película y le hablé de la deteriorada señal de radio. “Probablemente empujaste la silla contra el panel de atrás y accidentalmente apagaste el amplificador de señal de la antena!” Tal vez el ciclo solar no era tan malo como había pensado, o al menos, por un tiempo.

Cuando la niebla se disipó un poco, el helicóptero transfirió varias cargas de material al radiofaro marítimo de las islas Botón. El faro estaba ubicado en el extremo del noreste de una meseta, el cual tenía una altura aproximada de 200 metros. En las últimas horas de la tarde, el helicóptero no pudo aterrizar en la isla cuando la niebla espesó y el techo de nubes disminuyó alrededor de 25 metros, dejando al técnico y a otros cuatro tripulantes varados en la isla durante la noche. A la mañana siguiente, después de las 2,30, justo antes del amanecer, la niebla se había disipado bastante por lo que el helicóptero pudo aterrizar en la isla y traer a todos de vuelta a bordo, sanos y salvos, aunque unos pocos congelados.


radiofaro

 

Un oso polar muy hambre en el hielo grueso de primer año.

Estábamos navegando a través del hielo medio de primer año (2.5.2) del mar de 4/10 de concentración en la entrada oriental del estrecho de la bahía Hudson con un buque granero siguiéndonos, con destino a Churchill, en la costa oeste de la bahía de Hudson. Delante de nosotros había 20 kilómetros de hielo grueso de primer año (2.5.3) de espesor de 5/10 a 9/10 de concentración. Mi trabajo consistía en traducir al inglés y comunicar a los oficiales del buque de bandera extranjera las órdenes que el capitán dio en francés. Después de escuchar lo que teníamos por delante, el capitán del buque granero se negó a seguirnos más allá para el temor que su buque pudiera dañarse. Si permanecía allí por mucho tiempo, lo más probable era que el hielo grueso se moverse lentamente hacia abajo y bloqueándolo su buque contra una zona de hielo acordonado (8.2.2.6.1), lo que le podría causar graves daños estructurales. Sin embargo, esa fue su decisión. Probablemente pensó que los rompehielos esperarían en los alrededores hasta que el hielo se derritiera. No fue posible convencerlo de la importancia de proceder con escolta a través del hielo más grueso, así que las decisiones tuvieron que ser tomadas. Todavía con varias ayudas adicionales para la navegación a ser reactivados, zarpamos deseándole lo mejor.

Deception Bay, a unos 800 kilómetros más hacia el oeste, era nuestro próximo destino después de que todas las radiobalizas habían sido reactivado y verificado en esa zona. A nuestra llegada, varios esquimales subieron a bordo, vendiendo pescado fresco, incluyendo la trucha ártica, una delicia de las especies de agua fría subártica de la familia de los salmónidos. Conseguimos enviar nuestro correo desde allí, pero tendríamos que esperar nuestra llegada a la bahía de Frobisher unos días más tarde, para recibir el correo.

1ro. de agosto de 1971. Hacia las 6 de la mañana, entramos a baja velocidad en un extensa superficie de hielo grueso de primer año. A veces, durante un breve instante, se sentía como si hubiéramos chocado con una ladera de una montaña, esto era seguido de cada vez mayores vibraciones que sacudían todo a bordo del buque. La proa había sido empujado hacia arriba varios metros sobre el hielo grueso, pero el peso del buque había abierto camino, y el rompehielos se acomodó en el agua poco a poco, pero ahora apenas se movía. Era difícil sobreponerse a los choques inesperados, vibraciones y balanceo. Esa noche la sirena del barco sonó. Yendo al puente, me di cuenta de que todo el mundo estaba mirando hacia la popa a estribor. No podía ver nada, pero con mis binoculares, pude ver realmente un gran oso polar a unos 250 metros de distancia, cazando su comida para la noche. Viéndonos, probablemente se preguntaba si seríamos de algún valor como alimento, ya que no habíamos visto ninguna foca durante el día.

(2.5.2) Hielo medio de primer año de 70 – 120 cm de espesor.

(2.5.3) Hielo grueso de primer de más de 120 cm de espesor.

8.2.2.6 Hielo acordonado: Hielo apilado al azar, un trozo sobre otro formando cordones o paredes de hielo. Normalmente se encuentra en hielo de primer año (cf acordonamiento).

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Focas arpa, caribúes y ballenas beluga.

En las actividades que se realizan de un rompehielos, su destino depende siempre de las constantes prioridades cambiantes. Pensamos que iríamos a ir a la bahía de Frobisher, que ahora se llama Igaluit, pero en cambio nuestro próximo destino fue la Isla Digges con el objetivo de activar otra radiobaliza. Como resultado, nuestro correo entrante sería enviado a Coral Harbour, otra isla situada a 500 kilómetros hacia el oeste asumiendo que era, de hecho, nuestro próximo destino. Al menos, la temperatura era cálida para el clima subártico, con alrededor de 13C. Aunque ya había visto muchas ballenas donde vivía a lo largo del río San Lorenzo, vi mi primera ballena beluga bastante cerca del buque, probablemente en su camino hacia la bahía de Hudson para dar a luz. Después de esto, la mala noticia llegó. Bueno, en realidad no tan mala, ya que había estado esperando por ella. Mi madre me mandó un telegrama diciéndome que había suspendido la prueba de código Morse de grupos de letras acentuadas que había realizado unas pocas semanas antes en la ciudad de Quebec. Esa fue la principal razón por la que seguir practicando diariamente para así estar listo para mi próxima prueba cuando regresáramos a Quebec.

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Ballena beluga

Al día siguiente zarpamos hacia Coates Island. Cuando vi mi primer caribú, sorprendentemente, no fue en tierra sino en la mesa grande de la cocina siendo troceado por el cocinero, probablemente para la cena de esa noche. Por último, llegamos a la rada de Coral Harbour, y se podían ver alrededor de 50 edificios de distintos tamaños, una pista de aterrizaje de quizás 250m, varios tanques de petróleo grandes y una tienda de la empresa “Hudson Bay”. Situado a mil kilómetros al norte de la línea de árboles, hasta donde la mirada podía alcanzar se divisaba solo tierra estéril, rocas y algunos lagos. Sin embargo, los esquimales usaban barcos de madera de unos 10 metros de largo, probablemente para la pesca y el comercio local. Otra cosa importante que recuerdo sobre Coral Harbour fue cuando comí una noche por primera vez la deliciosa carne de caribú. Pero mejor que eso fue cuando recibí la primera carta de mi novia que pronto se convertiría en mi esposa.

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Foca arpa

El 8 de agosto zarpamos de Coral Harbour con destino a Big Island y Lake Harbour, navegando a través de 4/10 de hielo medio de primer año a velocidad lenta. Vi a una foca arpa muy joven en el agua que no se zambulló hasta que estaba a unos 30 metros de nosotros. Unos días más tarde, recibimos un pedido de ayuda de un buque griego que se encontraba atrapado en el hielo pesado no muy lejos de Wakeham Bay. Sin embargo, tuvimos que detenernos en el hielo a unas 10 millas del buque cuando se estaba poniendo demasiado oscuro para ver lo que estaba por delante. Para empeorar las cosas, nuestro capitán no podía entendía al capitán griego que le estaba gritando en inglés. Por desgracia, no lo podía entender tampoco, ni podría cualquier otra persona a bordo. ¡Larga vida al código Morse! ¡Nunca tuvo problemas con el idioma!

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No se puede confiar en el hielo

El 15 de agosto de 1971 llevábamos ya 5 semanas en el mar y ya me estaba cansando de la comida. La calidad de la comida era bastante buena a pesar de que una mañana me comí un huevo podrido en el desayuno y me puse malo. Por desgracia, el jefe de cocina no parecía tener mucha imaginación. La variedad de alimentos y diversos métodos de cocción, no estaban entre sus recursos. Era una pena, ya que lo que se come y cómo prepara a bordo de los buques, a menudo hace la diferencia entre tener la moral alta y el aburrimiento.

Finalmente, al día siguiente, llegamos a la bahía de Frobisher, donde fondeamos. Preveíamos tener que estar allí durante al menos diez días, tal vez dos semanas en espera de un buque que todavía estaba cargando en Montreal. El buque tardaría siete u ocho días en llegar a la entrada oriental del estrecho de Hudson, donde seríamos escoltados a través del hielo hacia Churchill, en la parte suroeste de la bahía de Hudson, a una distancia de unos 1.500 kilómetros aproximadamente. Sin embargo, a la mañana siguiente me desperté y me enteré que ya habíamos dejado el fondeadero. Estábamos en una misión de búsqueda y rescate. Nuestro destino era las islas situadas a unos 85 kilómetros al sureste, a lo largo de la Península Hall. Inuit hunter Un cazador esquimal joven sin experiencia había salido de su casa para caminar a otra isla caminando por el hielo, pero nadie sabía a qué. La Real Policía Montada de Canadá (RCMP) había revisado todos los pequeños campamentos en las numerosas islas sin ningún éxito. Nuestra misión era buscar en las aguas que había entre las islas. Varios marineros fueron colocados en el puente alto, unos cuantos a ambos lados del puente, dos hombres cerca de la proa y uno en la popa. A pesar de que examinaron el horizonte en todas direcciones desde el amanecer hasta el atardecer, el joven cazador nunca fue encontrado. Tampoco el helicóptero lo encontró después de volar alrededor de varias islas y aún más lejos de la costa durante varias horas. Posiblemente el cazador había caído a través del hielo, ya que ésta ahora era mucho más fino que cuando yo estuve allí en 1967.

Yo había estado ocupado respondiendo a bastantes cartas de mi novia, aunque me hubiera gustado llamarla por teléfono. Era un sueño remoto. Mientras que el rompehielos había sido construido en 1930 e iba mostrando los signos de su edad, la mayoría del equipo de comunicación de radio a bordo eran bastante recientes. Sin embargo, que casi todas nuestras comunicaciones se llevaban a cabo a través del código Morse, el equipo radiotelefónico no era tan moderno. Desafortunadamente cuando funcionaba, el equipo de radiotelefonía en la bahía de Frobisher no lo hacía. Finalmente, un día, todos los dioses electrónicos se encontraron de buen humor y tuve la oportunidad de charlar con ella durante un largo rato. Al escuchar su dulce voz, parecía esfumarse todo el aburrimiento así otros cosas difíciles a bordo del buque. Incluso las recetas sin imaginación del cocinero, sabían un poco mejor.

Todo llega a su fin

Durante las dos últimas semanas de agosto de 1971 y principios de septiembre, estuvimos anclados en el fondeadero de Frobisher. Nuestra misión era ayudar a los buques de carga y cisternas que tenían problemas para navegar a través del hielo en el estrecho de Hudson. Como ya he mencionado en un texto anterior, las condiciones del hielo eran mucho menos severas que cuando estuve allí en 1967. Recibiríamos una petición de ayuda, pero cuando ya habíamos dejado el fondeadero y habíamos zarpamos a través de la Bahía Frobisher, recibiríamos un mensaje anulando la orden. Las condiciones del hielo habían sido menos severas que lo que el capitán del buque de bandera extranjera había pensado. Aunque teníamos menos trabajo que hacer, estar anclados en un puerto durante varias semanas era muy aburrido, ya que el permiso para ir a tierra dependía de si la chalana estuviera disponible para volver al buque, y eso no sucedía muy a menudo.

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En general, los rompehielos canadienses pasaban los meses de verano y otoño operando en el este del Ártico. Ya he mencionado antes que como era un buque de vapor, las calderas no estaban en muy buen estado. Su fiabilidad se había degradado después de 40 años de trabajar en las severas condiciones del hielo en el río San Lorenzo en invierno, y pasando los meses de verano y otoño en el Ártico. Como resultado, escuché todo tipo de rumores acerca de cuándo esperábamos volver a la ciudad de Québec. Había acumulado suficientes horas para tener derecho para cobrar el seguro de desempleo. Por otro lado, si el buque permanecía en el Ártico durante uno o dos meses más, mis beneficios serían más cuantiosos. Sin embargo, la administración marino decidieron que el viaje de 1971 a bordo del rompehielos N. B. McLean terminaría el 21 de septiembre.

Cuando entramos en el puerto de Québec, fui capaz de programar mi nueva examen en código Morse de grupos de letras acentuadas para el día siguiente. Pensé que después de practicar casi todos los días durante más de dos meses pasaría el texto sin ninguna dificultad. Sin embargo, no fue tan fácil. Por suerte, los inspectores de radiocomunicaciones fueron muy considerados, y me permitieron repetir el examen varias veces. Tal vez, simplemente, se cansaron de lo persistente que fui. En cualquier caso, uno de ellos finalmente dijo: “Está bien, ¡ha aprobado!” A pesar de que recibí mi certificado de primera clase en radio comunicaciones, nunca tuve la oportunidad de usarlo. Os contaré acerca de eso en otro entrada. Sin embargo, algunas cosas importantes de mi vida estaban todavía por venir.

Y él, nos declaró “marido y mujer”.

Para la mayoría de la gente marinera, la fe relacionada con la religión y la iglesias son conceptos distantes que rara vez vienen a la mente. Pero ahora, de camino a casa en autobús, tuve varias horas para reflexionar sobre la idea de casarme. No había ningún problema con mis padres, ya que la mayoría de las religiones evangélicas, rara vez se oponen a los matrimonios fuera de la fe. Mi madre, una católica no practicante, se casó con mi padre, un protestante que iba a la iglesia cuando le convenía. Sin embargo, en la familia de mi novia eran católicos practicantes. Aunque teníamos un protestante en la familia nunca se discutió, por lo menos en mi presencia. Sin embargo, el hostilidad religiosa durante ese período era evidente, pero ese no era el único obstáculo.

Nuestro venerable pero anticuado cura, que practicaba las antiguas costumbres regionales de Québec en su pueblo, quería que me convirtiera al catolicismo tradicional. Además, me hizo hincapié en que nuestros hijos tenían que ser bautizados de acuerdo con la fe católica. Es triste decir que nuestro honorable sacerdote perdió en ambos casos. Mi intención era casarme con mi futura esposa, pero no con su religión ni con su familia. Ella le informó en su elocuente francés que los niños serían bautizados en la fe del país donde estaríamos viviendo (quizás en África o el Medio Oriente), pero no le dijo que no teníamos ninguna intención de tener hijos. También le dijo que si tenía alguna objeción o problema para llevar a cabo la boda, nos casaríamos en el despacho del juez de paz. La peor parte fue cuando tuve que repetir los votos matrimoniales. En aquel momento, mi francés no era muy bueno. Repetir frases largas era muy dificil para mí. Después de que el sacerdote dijera la primera oración, sus ojos se volvieron hacia arriba, hacia el cielo por un momento al escuchar mi interpretación entre dientes. Parecía decir algo a su barba, y luego de continuó con la segunda frase. Después que yo hubiera murmurado todas las frases requeridas, y luego de un suspiro largo y profundo, en su voz temblorosa, él nos declaró “marido y mujer”. ¡Dios bendiga su alma! Debió de haber hecho un buen trabajo, ya que todavía estamos casados 45 años después.

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